La atracción que produce Viejos Tiempos de Harold Pinter reside en el misterio no tanto de la trama, como de sus tres protagonistas.
La visita de Anna a la casa de Kate y Deeley, desencadena una sucesión de recuerdos provocando una guerra en defensa de la razón de la memoria. El pasado se modifica cada vez que se habla de él y las consecuencias en el presente son demoledoras. Los recuerdos se materializan; son contados, actuados… son, en sí mismos, un hecho teatral.
¿Y no es el teatro una brecha en el presente que nos conduce a una manera diferente de percibir el tiempo?
“Hay cosas que yo recuerdo que quizá nunca sucedieron, pero como las recuerdo, suceden”